miércoles, 18 de mayo de 2016
¿Eres feliz?
Estos días, por cosas de la vida, he tenido que dejar de lado la fotografía, para dedicarme de lleno a Manuela. Luego les contaré el proceso. Además de cuidar de Manu y ejercer de madre 24/7, he tenido tiempo para hacer limpieza profunda, me he deshecho de muchas coasa materiales que ocupan espacio e impiden que cosas nuevas puedan llegar a casa. Esto es algo que siempre me ha gustado hacer, porque creo en la renovación de energías y creo que cuando ya no usamos algo, lo mejor que podemos hacer es regalarlo, donarlo o venderlo para crear espacio para las cosas nuevas (también hablaré de esto en algún otro post); pero además de hacer limpieza de cosas u objetos, he limpiado mi ordenador, y no me refiero a pasarle el plumero o aire comprimido, que también, sino a esa limpieza de contenido: aplicaciones que no uso, se van a un mundo que desconozco junto con fotos de gente cuya energía es tan pesada que no necesito ni ver ni que me ocupen megas y de e-mails, que por descuido, flojera, desconocimeinto o lo que sea, tengo en mi buzón desde 2008.
Algunos de esos e-mails los tiré directamente a la basura y luego eliminé el contenido de la papelra, porque no quiero, bajo ningún concepto tener esas energías en mi vida y hay otros que abro para releer, por última vez, su contenido (otros los conservo, por una cuestión de afectiva y lamentablemente otros tantos por cuestiones legales que aún están pendientes). Y así fue como me topé con un e-mail que en su momento me sorprendió recibir; era el correo del marido de mi ex-cuñada, que aunque ese parentezco no se pierde, yo decidí deshacerme de ese y de algún otro incluso antes de divorciarme. Entre muchas cosas bonitas que me escribió mi cuñado (apoyando, entendiendo y hasta anhelando mi decisión de divorciarme) escribe que en algún momento quiso hacerme una pregunta, pero que por falta de tiempo, de cervezas o por la cacería de mi excuñada nunca me hizo: "Ini, ¿eres feliz?" y él mismo continúa diciendo que nunca se imaginó que detrás de mi "sonrisa constante" se estaba cocinando un divorcio.
En aquel momento leí muchas veces cada una de sus escogidas palabras, no en vano es escritor premiado, sino que ahora también lo hice. Tal vez ver las cosas en retrospectiva da una ventaja: la certeza de haberlo vivido. En las dos ocaciones me quedé paralizada en su inextistente pregunta: "Ini, ¿eres feliz?" y en ambas ocaciones mi respuesta fue la misma: Sí.
Y con esto no quiero decir que soy la viva imagen de la alegría, no. En varios momento de mi vida tuve depresiones. Me he deprimido hasta el punto de acabar conmigo misma, me he consumido hasta llegar a mis propios huesos y creo que por el mismo instinto de supervivencia me he salvado (y sí, mucha terapia y hasta medicamentos). Y con todos estos ingredientes encima de la mesa he decido ser feliz. Porque la felicidad es una decisión, no es una estado de ánimo, es una manera de enfrentar la vida, de asumirse y de hacerse responsable. Fui una mujer muy infeliz en algún momento, no veía alegría en nada, no había manera de encontrar dicha. Siempre estaba esperando que algo futuro e incierto sucediera y era eso lo que me iba a traer la anhelada felicidad. Ffue entonces cuando decidí alimentar mi lado espiritual y empecé a hacer yoga, empecé a estudiar filosofía tántrica, budismo y un poco de kundalini. Llené un vacío de tenía, alimenté mi alma y escogí el camino de la felicidad. El cambio no ocurrió de la noche a la mañana, pero siempre mantuve el optimismo. Cada día me levantaba con la firme convicción de que ése sería el mejor día de mi vida y así fueron pasando losdías y años y cada día me hice más fuerte y más feliz, porque empecé a creer en mi. Entonces tuve la respuesta: ser feliz es una elección. Y entendí que podía atravesar la muerte de mi abuela, el desamor, las infidelidades, el desprecio, la humillación y la separación y seguir siendo feliz, porque mi decisión de ser feliz no iba a cambiar ninguno de aquellos hechos, pero sí me los iba a hacer más llevaderos. Sin estar asumiendo el papel de víctima, porque eso de "pobrecita tu", no va conmigo.
Ahora estoy convencida que no hay nada en este mundo que me haga cambiar mi decisión de ser feliz, sé (como es normal) que habrá acontecimientos menos felices, y tendré que vivirlos como mi diga mi corazón que debo hacerlo, pero nada me hará dejar de ver la alegría de la vida. No sé por qué pasé tanto tiempo en entenderlo, ahora se lo achaco a la inmadurez de mis años, aunque conozco muchas personas que con menos años de los que yo tenía entonces y con problemas más grande siempre han conservado la felicidad.
Siempre he tenido la necesidad de querer dejar huella en el mundo, me aterra que al morir no haya dajado una pequeña marca de mi en este plano, es por eso que quiero dejarte este reflexión: ser feliz es una decisión personal, aunque afuera hayan mil personas diciéndote que tienes todas las razones para ser feliz, solo tu tienes el poder de creertelo y de empezar a trabajar en ello y de hacer de tu vida un lugar sagrado y feliz. Una vez te lo creas, verás cómo empiezas a verlo todo con otros ojos, empezarás a ver cómo se manifiestan tus deseos y tu vida tendrá mucho más sentido. No esperes el viernes, ni el verano, ni las vacaciones, ni nada para ser feliz. ¡Empieza ya! Haz lo que te gusta, lo que te saca sonrisas, hazlo por ti.
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2 comentarios:
Me gustó mucho... yo también pasé por mi proceso de duelo (muertes, divorcios) y superación. Y tal como lo describes la felicidad es una elección propia, los psicólogos y los medicamentos funcionan pero no te hacen feliz.
Gracias por compartir ;)
Gracias a ti por pasar, leer y comentar. Y sí, lo único que te hace feliz es la decisión personal de cada uno. Un beso grande! Love, Ini
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