Te subes al ascensor de tu edificio para salir a comer con unas amigas y has pasado la mañana arreglándote pare verte guapa. Llevas una camisa que te compraste para "un momento especial" (que es éste, lógico) y la señora que ya estaba dentro del ascensor te dice: "qué camisa más bonita llevas" y tu, educadamente, como no, le respondes: "gracias, tu también vas muy guapa". O tal vez tengas unos ojazos preciosos y cada vez que alguien te dice: "¡qué ojos tan hermosos!, tu re-matas la frase con el infaltable: "¡hermoso tu!" ¿Lo ves?, ¿Alguna vez te ha pasado?. Pues a mi sí (no exactamente lo de los ojos, porque no tengo unos ojazos como para piropear) y ¿sabes qué? ¡ERROR!
El no saber recibir un cumplido es un error garrafal. Es construir una pared en una fracción de segundos. Quien halaga lo hace desde el amor, desde la bondad, desde la buena intención y cuando respondemos con un "tu más", no estamos siendo especialmente agradecidos, es como si le diéramos un raquetazo, al mejor estilo Rafa Nadal, a ese cumplido.
Tenemos que empezar a recibir los cumplidos con amor y gratitud. Recibir es todo es un arte, es hacernos merecedores de algo, es aceptar el valor que tenemos como personas. No confundamos el agradecimiento con ego, son dos cosas diferentes.
Así como hay que ser agradecidos hay que ser realistas y saber aceptar los halagos. Hagamos este mundo más sensible a las cosas que valen la pena, miremos a los demás con compasión y aprendamos a decir ante un: "¡qué guapa estás!", "gracias" (y punto final). No devuelvas la pelota, quédatela y te aseguro que disfrutarás más el momento. Aprendamos a recibir con humildad y hagamos que todos nos sintamos agradados.
Ahora, sé honesta contigo y dime, ¿qué respondes ante un cumplido? ¿lo recibes y te lo quedas o das el raquetazo?

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