miércoles, 27 de abril de 2016

No es vanidad, es belleza.




Por muchas razones que no voy a explicar aquí, porque se nos iría media vida, nosotras las mujeres nos hemos visto en el ojo del huracán en temas de belleza. Normalmente si eres guapa eres considerada tonta, superficial y/o socialmente no apta. Consecuentemente, para algunas la belleza es su gran enemigo. Muchas veces he oído (con asombro) decir en tono chistoso: "¡ah, pero si también eres inteligente!" o cualquier cosa parecida. Y sí, puede que la intención sea buena, pero no cala bien en la mente femenina cuando realmente hemos sido consideradas como o guapa o lista, nunca ambas.

En la época en la que fui a la universidad era muy palpable en mi carrera (soy abogada), que las abogadas fuéramos guapas, pero no que fuéramos listas. Veía y oía como se vejaba a aquellas que tenían ambos atributos y veía también cómo muchas ni siquiera se esforzaban por verse más guapas de lo que podían ser, que no se arreglaban mucho por temor a caer en ese cliché de la guapa = tonta. A las abogadas se les solía decir: "habla tu con el Juez, que como eres mujer te hará más caso a ti que a mi que soy hombre". Entre líneas el mensaje es bien machista, porque te ven como un producto y no como un profesional. En fin, así era en mi época de abogada. Hoy día, como fotógrafa retratista, cuando algunas de mis clientes me llaman, en sus voces hay un tinte de culpa/vergüenza porque "no quiero ser vanidosa" pero quiero hacerme una sesión de retratos de belleza. No sé si es la sociedad, la era en la que vivimos, nosotras mismas, los hombres, o todas las anteriores pero tenemos metido en nuestro ADN que sentirnos bellas es malo. Algunas más que otras, claro está.



En mis sesiones de fotos, yo busco, persigo y consigo conectar a cada una de mis mujeres con su belleza real y genuina y una belleza real no va conectada a la báscula, a la base de maquillaje o a las extensiones de pelo. Una belleza real está en perfecta armonía con una mirada de amor, con saber que ser mujer es sinónimo de ser un ser humano hermoso, creador y cambiante.

La belleza real está en cada gesto, en cada sonrisa, en cada molécula de autenticidad que habita dentro de cada mujer. Y es eso justamente lo que yo consigo en mis sesiones de retrato, les doy esa experiencia única dónde cada una se sabe y se siente especialmente bella, sin apelativos, sin excusas, sin vergüenza.



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